Durante décadas, la natación ha sido coronada como la gran reina de los deportes.
Seguro que tú también has crecido oyendo ese mantra de que es el deporte más completo, el más seguro y el menos lesivo. Y realmente lo es. Organismos como la Organización Mundial de la Salud y sociedades científicas como la American College of Sports Medicine destacan los beneficios que aporta la natación: trabajo cardiovascular, mejora de la capacidad pulmonar, fortalecimiento muscular global y mínimo impacto articular.
Además, en el medio acuático el cuerpo pesa menos, las articulaciones (como es el caso de las rodillas) sufren menos carga y el riesgo de traumatismos por contacto o por impacto es prácticamente inexistente.
Sin embargo, que sea un deporte excelente no significa que sea universalmente recomendable en cualquier circunstancia ni para cualquier persona. De hecho, existen situaciones clínicas en las que la natación no es aconsejable, o incluso puede estar temporalmente contraindicada. Y hoy queremos hablar de esas excepciones en este nuevo artículo.
¿En qué casos la natación no es aconsejable?
Aquí tienes cinco ejemplos de patologías y enfermedades que hacen que la práctica de la natación no sea la mejor opción, incluso que deba declinarse:
1.- Patología de hombro previa o inestabilidad glenohumeral
La natación, especialmente en estilos como crol o mariposa, implica miles de ciclos repetitivos de elevación y rotación interna del hombro. En personas con síndrome subacromial, tendinopatías del manguito rotador o antecedentes de luxaciones, esta repetición puede exacerbar la inflamación y el dolor.
La llamada “shoulder swimmer’s syndrome” está bien documentada en medicina deportiva. En estos casos, nadar sin una técnica depurada o sin control de cargas puede agravar la lesión en lugar de mejorarla.
2.- Otitis externa recurrente o perforación timpánica
El contacto repetido con el agua, especialmente en piscinas con cloración inadecuada, favorece la maceración del conducto auditivo externo y la proliferación bacteriana. Las personas con tendencia a otitis externa de repetición pueden ver aumentada la frecuencia de episodios. Además, ante una perforación timpánica activa, la entrada de agua puede generar infecciones del oído medio.
En estos supuestos, la natación no es aconsejable y debería posponerse hasta la resolución del cuadro o realizarse con medidas de protección específicas indicadas por un especialista.
3.- Dermatitis atópica grave o hipersensibilidad al cloro
El cloro es un desinfectante eficaz, pero puede actuar como irritante cutáneo. En pacientes con dermatitis atópica moderada o grave, el contacto prolongado con agua clorada puede alterar aún más la función barrera de la piel, incrementando la sequedad, el prurito y el riesgo de brotes. Aunque muchas personas con piel sensible toleran bien la natación con hidratación posterior adecuada, en casos de brotes activos o lesiones exudativas no es aconsejable.
4.- Algunas lesiones de espalda
Si la natación siempre ha sido un deporte muy recomendado por sus múltiples beneficios, los problemas de espalda se han llevado la palma a la hora de recibir esta recomendación. La piscina siempre se proponía como la solución perfecta a esos dolores tan frecuentes, ya fuera en la zona cervical, media o lumbar. Sin embargo, no siempre es así.
Por ejemplo, ante una hernia lumbar con episodios de dolor severos, la natación no siempre es buena compañera. Quizás puede serlo si se practica de forma muy suave o si tienes una buena técnica de espalda, pero la braza puede ser especialmente perjudicial, sobre todo si no se sumerge bien la cabeza.
5.- Trastornos de ansiedad con componente fóbico al medio acuático
Desde el punto de vista psicológico, no debe ignorarse el impacto emocional que causa el agua en algunas personas con aquafobia o antecedentes traumáticos relacionados con este medio, lo que les puede llevar a experimentar respuestas intensas de ansiedad, hiperventilación o crisis de pánico en el entorno acuático.
Forzar la exposición sin abordaje terapéutico previo puede reforzar el miedo en lugar de superarlo. En estos casos, la intervención psicológica progresiva es prioritaria antes de plantear la práctica deportiva.
Conclusión
Podrían añadirse otros contextos, como infecciones respiratorias agudas, heridas abiertas o determinadas cardiopatías no controladas, donde el ejercicio acuático debe evaluarse de manera individualizada.
En conclusión, la natación es, sin duda, uno de los deportes más completos y con mejor perfil de seguridad para la población general. Pero no es una panacea universal. Su indicación debe adaptarse a la historia clínica, al estado funcional y al contexto de cada persona.
La clave no es preguntarse si la natación es buena o mala en términos absolutos, sino si es adecuada para ti en este momento concreto. En salud, la personalización siempre nada por delante de las generalizaciones.

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