La llegada de tantos canales que facilitan estar en contacto con los demás, presagiaba el comienzo de una era de relaciones más estrechas, sencillas… Sin embargo, contra todo pronóstico, hoy nos sentimos más solos que nunca a pesar del tiempo que pasamos (¿o deberíamos decir malgastamos?) en redes sociales y plataformas digitales.
Y no solo nos sentimos más solos y más incapaces de crear complicidad con otras personas, sino que este nuevo escenario ha hecho proliferar una serie de comportamientos insanos: ghosting, gatsbying, breadcrumbing o benching son algunos de los ejemplos más populares.
Y aunque lo curioso es que, pese a sus nombres en inglés que los hacen sonar más cool y modernos y su evidente conexión con el mundo digital, ninguno ha nacido con Instagram, WhatsApp o Tinder. En realidad, son versiones contemporáneas de conductas que siempre han existido: desaparecer sin dar explicaciones, buscar llamar la atención de alguien, mantener a una persona en espera o demostrar interés sin intención real de avanzar.
Lo que ha cambiado es el escenario y, sobre todo, la facilidad con la que la tecnología permite hacerlo y las terribles consecuencias que esto implica como vamos a contarte en esta nueva publicación de Eusa.
Ghosting y compañía: cuando las viejas conductas estrenan nombre
Las relaciones humanas han evolucionado al ritmo que lo ha hecho el mundo. Sin embargo, la verdadera esencia y los sentimientos que las sostienen siguen siendo los mismos.
Por eso, antes de que existieran las redes sociales, ya había personas que dejaban de llamar, daban señales contradictorias en una relación o mantenían un vínculo sin terminar de comprometerse. La diferencia es que hoy, todo eso se ha facilitado y multiplicado: un simple «me gusta», una visualización de una story o un mensaje a deshoras pueden mantener abierta una puerta que, en realidad, nadie termina de atravesar.
Además, las plataformas digitales facilitan una interacción fragmentada y constante. Es posible estar presente sin hablar, mostrar interés sin proponer una cita o desaparecer sin tener que afrontar una conversación cara a cara. Por eso, más que comportamientos completamente nuevos, estos términos describen formas de relacionarse que se han adaptado a un ecosistema digital que les concede más facilidad e impunidad.
Quién es quién en el nuevo diccionario sentimental
Ghosting
Es probablemente el término más conocido. Se produce cuando alguien corta de repente la comunicación con otra persona sin ofrecer una explicación, dejando de responder mensajes o llamadas y desapareciendo de la relación. Puede suceder después de varias citas o incluso dentro de una relación ya establecida.
Gatsbying
Quien lo practica busca ser visto. El término, inspirado en Jay Gatsby, describe la publicación de fotografías, vídeos o stories pensados indirectamente para llamar la atención de una persona concreta, normalmente alguien que despierta interés romántico. Es el equivalente digital de organizar una gran fiesta esperando que aparezca una determinada persona.
Breadcrumbing
Literalmente, «dejar migas de pan». Consiste en ofrecer pequeñas dosis de atención, como mensajes esporádicos, comentarios, likes o propuestas que nunca llegan a concretarse, manteniendo a la otra persona interesada o creyendo que sigue existiendo un interés real por ella, pero sin avanzar realmente hacia una relación.
Benching
La persona queda «en el banquillo». Se mantiene el contacto y cierta expectativa, pero sin apostar realmente por la relación, como si se quisiera conservar esa posibilidad disponible mientras se exploran otras opciones. Es muy similar al breadcrumbing, pero más estratégico: la persona no sale de tu vida, pero te tiene como un plan B sabiendo que no quiere nada más que entretenerse hasta que encuentre a alguien que le guste más.
Más allá del nombre, importa el comportamiento
Conocer estos términos puede resultar útil para identificar patrones, pero también conviene no convertir cada interacción digital en un diagnóstico. Un mensaje tardío no significa necesariamente breadcrumbing, del mismo modo que publicar una fotografía buscando gustar a alguien no convierte automáticamente a nadie en un caso de gatsbying.
La clave está en observar patrones: ¿existe reciprocidad?, ¿las palabras coinciden con los hechos?, ¿hay interés por construir algo fuera de la pantalla?, ¿la comunicación aporta claridad o mantiene permanentemente la incertidumbre?
En una época en la que podemos saber quién ha visto nuestra story pero no qué piensa realmente, quizá convenga recuperar algo mucho más sencillo: mirar menos la pantalla y prestar más atención a la persona.
Porque un like puede despertar interés, un mensaje puede generar expectativas y una story puede lanzar una indirecta, pero las relaciones, con todos sus matices, siguen necesitando conversación, presencia y hechos. Y ninguna de esas tres cosas cabe completamente dentro de una notificación.

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